miércoles, 9 de mayo de 2018

CUENTOS DE MI MUNDO

                              CON AURELIA ES OTRA COSA




Al poco tiempo de conocer a Aurelia, es que comencé a creer que habiamos simpatizado casi  inmediatamente ya que en un par de meses de habernos conocido estábamos compartiendo  un departamento en un barrio céntrico de Buenos Aires. En realidad llegue a pensar que teníamos costumbres muy semejantes, aunque ambos teníamos nuestras particulares formas de ver la vida. Por mi lado yo ostentaba una filosofía de características bohemias, sin  ninguna obligación que  me impidiera disfrutar la vida, según se me antojara. Por parte de ella tampoco tenia necesidades que le permitieran disfrutar la vida, me causaba gracia su estricta ortodoxia, el buen manejo de la lengua de sus padres el dialecto bosnio (autoglotónimo bosanski jezik) que tengo entendido, es una de las variantes del serbocroata estándar, para ser más preciso, por lo cual la mayor parte del tiempo no llegaba a comprender que mierda pretendía decirme, lo cual trataba de disimular dándole la razón.

Si bien algunos comportamientos me eran impropios y no compartíamos los mismos gustos, esas diferencias las atribuía al hecho de haberse criado dentro de una familia religiosa, ajena a mis creencias. Contemplaba además que su llegada al país había sido traumática, pues sus padres la habían traído a América escapando de la guerra de los Balcanes. Con el transcurrir de los años fui interpretando con mayor facilidad sus expresiones idiomáticas, aunque llegado el caso, para no entrar en discusiones terminaba por decirle que si, a casi cualquier propuesta que viniera de su parte. Salvo la que me realizara aquella noche.

Recuerdo que se me aproximó con esos enormes ojos negros, de inconfundible genética, propia de los descendientes de esa región europea  donde bosnios y kosovares echaron sus raíces y con esos entreveros de erres en su boca, que los solía utilizar con la soltura igualable a la que uno suele hacer uso de una vocal, en una especie de zumbido “brzo” digno de un abejorro apunto de entrar en lucha con una araña.

Querrrido, esta noche yo dar clases de bosnio en una confitería a un muchacho argentino que pretende viajar a Kosovo. –Me sorprendió diciéndome.

¿Y por que no lo traes acá al viajero y le das clases más cómoda? –Le conteste de inmediato.

A el, cuesta viajarrrr, mucho lejos y a mi me viene bien ejercitar la lengua para no perderla y  cobrarrrr unos pesos.- Me respondió con cara de culpabilidad manifiesta.

Si anda tranquila donde quieras ¿A que hora vas a salir? –Le terminé de responder con marcado enfado.

Me espera a las once de la noche, en un bar de la calle Corrrrrientes, entre Flórrrida y Viamonte, te dejo anotada la dirección, amor. -Acercándome un papel escrito

Bien, que te diviertas.-la despedí, tratando de evitarme su beso
 

Me percaté al instante que la bosnia me estaba engañando de la peor manera y que tarde o temprano le tendría que dar una salida a la relación, desde ese momento para mi cuestionada seriamente.

Así fueron pasando un par de meses, donde sus ausencias se cumplían rigurosamente desde las diez y media de la noche hasta bien entradas las dos y media de la mañana, todos los martes y los viernes.

Aunque yo aparentaba no darle importancia a la situación, en el fondo estaba ocasionándome un gran daño, pues yo estaba realmente enamorado de ella a pesar de no comprenderla muy bien, en muchos aspectos y obviamente el hecho de que descaradamente se me valla con otro hombre por las noches, aduciendo que estaba enseñando bosnio, para no perder su lengua natal, me sacaba de quicio. Además me da una dirección como si fuera tan estúpido de creer que la encontraré allí. Este aspecto de Aurelia, lo estaba empezando a conocer y realmente no me gustaba en lo más mínimo.

Me solía pasar la noche revolcándome  en la cama a la espera de su llegada y cuando la sentía llegar, era como que me hervía la sangre, me moría de ganas de agarrarla del cuello y preguntarle si sabia lo que estaba haciendo, si pensaba quizás que yo era un tarado. Si deseaba destruir de una buena vez la relación o esperaba que yo lo hiciera.

Ella se solía parar delante mío y quedarse unos minutos mirándome “dormir”, apenas llegaba. Para luego también acostarse sin antes susurrar “Mi amorrr, si supierras cuanto te amo”. Seguramente repleta de culpabilidad y remordimiento.

El amanecer marcó el comienzo de un nuevo día, un día que seguramente sería monótonamente igual a los anteriores, yo tratándole de escaparle para no tener ni siquiera que hablarle, contestándole con evasivas y a veces de mal modo y ella pareciendo no entender el porque de mi cambio de conducta. Una situación que evidentemente no se podía prolongar mucho más en el tiempo y a la que yo tendría que darle un punto final.

El viernes llego y está vez yo iría a la confitería donde me decía daba su clase, después que ella, para encarar el problema y darle su inminente final.

Así lo hice estacione mi auto frente a la confitería donde la podía ver a ella sentada en una mesa en una animadísima charla, con alguien que desde mi posición no podía observar pues justamente una columna me lo ocultaba.

¿Así que acá es el punto de reunión? Luego seguramente se subirá a su coche y partirán a un hotel de los que abundan por la zona. ¿Que se pensará, que no se como resolver esta situación? Entraré a la confitería y lo voy a sacar a trompadas a la calle, le voy a enseñar toda la lengua de golpe, cuando lo deje ensangrentado en el piso. Son casi la una de la madrugada, el local está vacio, al igual que las calles y ella de gran jolgorio

 Esa perra, más vale que no intente ninguna de sus mal habladas explicaciones, pues ya no la escucharé. Hoy se termina está jodita, que lleva semanas comiéndome la cabeza, esto se resuelve así de fácil. Lo tendría que haber hecho de entrada, no me explico porque deje pasar el tiempo. Dejando crecer está relación repulsiva, pensaba en mi interior, mientras crecía mi furia.

Cerré la puerta del auto dándole un portazo, me bajé, del mismo, sin percatarme que un fuerte temporal de lluvia y viento se había despertado en la ciudad.

Empuje las puertas de la confitería con total vehemencia, ante la mirada sorprendida del único mozo que dormitaba en la barra y encaré hacia el fondo del local donde se la podía ver a ella reírse, entretenida en su charla.

Llegué hasta este sitio, estoy dispuesto a todo para terminar con esta farsa. Estoy preparado para lo peor, ahora me conocerán y hasta me terminaré de conocer yo mismo. Saldré de este lugar sabiendo hasta donde soy capaz de llegar, pensaba en mi frenética caminata

La columna dejaba de a poco de ser obstáculo para que yo pudiera divisar a mi enemigo, les juro que en mi vida hubiera imaginado un enemigo así. No se como describirlo, pero comprendí que era un enemigo al que jamás lo podría vencer, un enemigo que tendría que aprender a quererlo porque formaba parte de su persona, al igual que su lengua. De hecho hubiera preferido encontrarla mil veces con otro hombre.

¿ Amorrrr, para que venistes hasta aca? – Me dijo sorprendida, mientras me miraba con su rostro iluminado por el amor.

Te vine a buscar cielo, está lloviendo a cantaros y no has traído paraguas.-Alcancé a decirle, aún sintiendo que un nudo en la garganta me estrangulaba.

Grrrrracias, amorrrrr, vamos, justo ya terminé la clase.

Si, está bien, vamos a casa amor.

    Esperrra un momento que te presento a mi alumno. – Me dijo señalándome una silla vacía, que la enfrentaba.

El mozo, me hacia señas desde atrás del mostrador, pidiéndome que me aproximara a la barra.

Discúlpeme, hace meses que viene y se sienta sola, en el mismo sitio. Hay días que se pide un café, la mayoría de las veces no consume nada, ya la conocemos. ¿Usted la conoce? – Me pregunto, en vos baja.

Recién amigo, aunque ya la venía amando desde hace tiempo, disculpa si te molestó y decime cuanto te adeuda.

No faltaba más, la casa invita, no se haga usted ningún problema.

Gracias, amigo. – Contesté empapado por la lluvia. Y consternado por la realidad
 

Me aproxime a la mesa donde ella estaba aún juntando sus cuadernos y guardándolos prolijamente en su bolso, uno a uno, mientras ultimaba los detalles para dejar el lugar.

Esta lloviendo a cantaros, mi vida. Corramos al coche.- Le sugerí.

Quierro caminar amorrr, me cansó la clase y quiero despejarme un poco, vamos, si. Amorrr, me gusto mucho que me vinieras a buscarrr, prométeme que vendrrras siempre a buscarrrme.- Me respondió dulcemente.

 -   Si mi vida a donde vayas, te lo prometo.

Abrazados emprendimos el regreso a través de la tormenta, hubiera esperado encontrar cualquier cosa en la confitería menos lo que realmente había encontrado.La abrasé más fuerte convencido totalmente que sería mía para siempre, mientras ríos de agua caían de mis ojos.





                       AURELIA – SUS TRAPISONDAS -



Daba verdadero placer, ver con que meticulosidad recorría mi querida Aurelia los supermercados en búsqueda de trapos de piso. La recuerdo revolviendo las góndolas, desacomodando en forma desprolija los trapos de piso, mientras palpaba su textura queriendo comparar las diferentes calidades en exposición, en un ritual que a veces podía durar horas, para retirarnos del local sin efectuar compra alguna. Pues en otro local seguramente tendrían el trapo de la exacta calidad por ella requerida y así nos retirábamos ofuscados del negocio y recalábamos en otro, donde el ritual se volvía a repetir. Después de mucho recorrer tiendas y ya con los pulpejos brillosos de tanto valorar la textura de los nobles trapos de piso, ocurría por lo general el evento más maravilloso que he visto manifestarse en un rostro humano. Sus pupilas se solían expandir hasta abarcar la totalidad del iris, mientras sacudía su cabellera en un rítmico contoneo típicos de una ceremonia de candomblé. Y yo miraba atónito su gozosa reacción, mientras blandía el trapo como quien conquista la bandera de un bastión enemigo.
Una vez que ingresábamos con el “trofeo” recientemente adquirido a nuestro hogar, se la podía observar hasta altas horas de la noche, lavándolo minuciosamente, secándolo prolijamente con la plancha, almidonándolo y guardándolo bien doblado, en un lugar del armario donde por lo general me era imposible acceder.
Cierto día se me volcó accidentalmente el vaso de la cafetera en la cocina, esparciéndose todo su contenido por el piso de la misma, mi reacción inmediata fue la de fijarme en el armario, revolver un tanto sus estantes, hasta dar con el esquivo trapo de piso y proceder a secar el desastre que imprevistamente había ocasionado en el piso de la cocina. En el ínterin, mientras trataba de secar el piso, Aurelia regresó de realizar las compras para el almuerzo. Me miro fijamente mientras, sus grandes ojos se iban achinando y ubicándose en forma oblicua en el rostro, en una transfiguración solo comparable a la mirada vacía de un pit bull terrier íngles, antes de su inminente embestida.
Me arranco intempestivamente el trapo del piso, mientras lo miraba y me miraba    amenazante.
¿Que te pensás que estas haciendo?  -Me encaro desorbitada.

Nada, nena, se me volcó la cafetera, pero ya seque la mayor parte del piso, no te preocupes –Le contesté con animo de apaciguarla.

¡No entendés, no entendés nada, el piso está sucio! ¿No ves que me ensuciaste el trapo de piso? –Me preguntaba, evidencia en mano.

Si, entiendo, pero…¿Para que carajo sirve un trapo de piso, sino es para secar el piso? -Le conteste pretendiendo aclarar el tema.

¿No te llegas a dar cuenta, que el piso esta sucio? –Me grito acaloradamente.

¿Y con que se supone, que seque el piso sucio, si no es con un trapo de piso?-Le pregunte intrigado, por su manera de valorar al por mi, vilipendiado trapo.

Usa tus camisas viejas, para esas cosas o las nuevas…Pero los trapos de piso no me los toques más.-Me regaño para dar por terminada la controversia.
  
Después de aquel evento con el correr de los años habremos comprado cientos de trapos de pisos y quizás unas cuantas camisas. Y siempre se podía observar una camisa junto al secador de piso, dispuesta a ser usada en los quehaceres de limpieza. Y jamás volví a tener acceso al armario donde se guardaban cientos de flagrantes trapos de piso pues un enorme candado con combinación numérica, me lo impedía.
No creo que quien me lea llegue a comprender la tremenda emoción que me causo Aurelia, el día que se cumplía nuestro decimo aniversario de casados, cuando me sorprendiera con uno de sus regalos más preciados. Envuelto en fino papel de regalo, adornado con un hermoso moño con la forma de un corazón, me esperaba un fino trapo de piso.
¿Aurelia, no me digas que este regalo es para mi? –Le pregunte sorprendido
Si, mi amorrrr, te lo mereces porrr tantos años juntos.- Me contesto abrazándome dulcemente.
¿Pero estas segura?¿ Me vas a regalar un trapo de piso? Un trapo para mí…-Quise que me lo ratificará, pues no podía creerlo.
Si mi amorrrr, ahora ya tienes un trapo de piso propio, puedes guardarlo en el armario junto a los míos. Esperá que antes te lo lavo, plancho y almidono. No lo vallas a ensuciar-Me advirtió mientras me miraba radiante, con su carita de nena enamorada.

martes, 10 de abril de 2018

POESÍA

     
        DE ATRAS PARA ADELANTE Y VICEVERSA

                    YO SIEMPRE A LA ESPERA
                    DE QUEMARME ENTERA
                    DENTRO DE ESTE INFIERNO
                    DE UN CANDOR INTERNO
                    QUE ENCIENDA  MI HOGUERA
         DEL AMOR CEÑIDO A CRUENTA CEGUERA
                                   si lo prefieren...
         DEL AMOR CEÑIDO A CRUENTA CEGUERA
                    QUE ENCIENDA  MI HOGUERA
                    DE UN CANDOR INTERNO
                    DENTRO DE ESTE INFIERNO
                    DE QUEMARME ENTERA
                    YO SIEMPRE A LA ESPERA

 

                                      
     AMOR SENIL 

                             
              Y, si nos amamos de otra manera?
      De esas formas raras que nadie comprenda
           olvidando sexos, eso en nada afecta.
      Suena muy extraño, quizás te sorprenda.
            

           Pero esa es la forma para que no duela
          ¿Para que intentarlo? No vale la pena.
                    Acercar las almas, esa es la idea
        Aunque suene a excusas, quizás no lo sea

 
                      Te propongo esté nuevo modo
                        de amarnos, si tú lo quisieras
                    Intuyendo cuerpos  que el tiempo
                   a las fuerzas, las cambio por penas.


                  Creyendo acaso que ambas almas
           por tanto estar juntas el dolor  superan
              Para amarse así, de esta forma tonta
             Como yo la llamo, de extraña manera.


       Sin cuerpos vetustos que frustren la escena
               Con almas unidas en acto sublime.
      Que a  pesar del daño que el tiempo les diera
          Consumen su dicha sintiendo que  juntas,
              El pasó del tiempo de alguna manera,
                   dolores aparte, las favoreciera.



    
                                UNA MANO DE POESÍA

                     Ha pasado el tiempo de angustia y congoja,
                           en que la esperanza, pétalos desoja.
                         Se fueron los años de buscar en vano,
                         siendo que a ellas las llevo a desgano
           Se han ido los celos que todo lo turba y al final desgaja
            Se fue el frenesí de buscar el gozo en dolidas cajas
          He quedado yo, solo con mis manos, me quedo la paja

viernes, 6 de abril de 2018

RELATOS

MÍO O TUYO


En la breve, pero siempre bien recordada inocencia de mi niñez, creía poseer una clara noción de lo que me pertenecía, es decir que creía tener un firme concepto de posesión que el tiempo y con él, su aliada inefable, la perdida de la inocencia me desdibujaron totalmente. Era la época en que me conformaba con tener unos padres, una casa propia dentro de un país donde creía podía vivir en paz. Además sabía que podía contar con mi escuela, en cuyo interior me esperaba contenta mi maestra y mis compañeros, que eran idénticos a mí, quizás menos observadores pero iguales que yo, al fin de al cabo. También eran míos, mis amigos de la cuadra y el parque cercano a mi casa, mi hermano, mis peces, todo me pertenecía. Mi cofre de posesiones estaba colmado de alhajas eternas, gracias a contar con un Dios que vaya casualidad, me cuidaba, pues era también mío.

Con el correr del primer ciclo lectivo, el primer inferior que le llamaban en esa época, una vez despojado de mi pintorcito celeste y mi corbatita, me percaté que si bien era un niño quizás más observador que el resto, tenía que esforzarme demasiado por ver las letras en el pizarrón del aula, ya que mi asiento estaba ubicado en la segunda hilera, en verdad, no se porque mi maestra me regalo un banco a tanta distancia de la pizarra, el solo pensarlo, me hacia regresar a mi hogar con fuertes dolores de cabeza.

Fue de esta manera que mi padre me llevo al oftalmólogo donde me informaron que poseía al menos dos cosas que eran  de otra persona y que por tal motivo, yo no las quería tener, más allá de las molestias que me ocasionaran.

La doctora examinándome minuciosamente le explicaba a mi padre que yo tenia su opía y que por tener eso, que era indudablemente de ella, seguramente también tendría su algía. Salí realmente molesto del consultorio, por más que la doctora muy simpática me regalara su caramelo y me entregara su opia y su algia en préstamo. Si era necesario que poseyera algo de eso, era mejor que fuese mi opia y mi algia para no tener que deberle nada a nadie, pensaba yo, con total enfado.

Llegando a casa, enfrente enfáticamente a mi padre regañándolo por no haberle devuelto inmediatamente esos objetos de su pertenencia, ingresando a mi cuarto  y encerrándome en el abrumado, hasta que mi hermano mayor, golpeándome la puerta me llamo a la realidad instantáneamente, dotándome de un escueto pero efectivo balance, en cuanto al debe y el haber que me había tocado en suerte en esta vida. Me acuerdo, sus palabras que me hicieron alegrar enormemente por saber que nada le debía a nadie “Boludito, la médica quiso decir que no ves un carajo y que por eso te duele el bocho. Mañana hablaremos con la maestra para que te ubique en el primer banco y comenzaras a usar unos preciosos anteojos, que serán tuyos de por vida”.

Con el correr del tiempo termine comprendiendo que lo que consideraba muy mío, me fue paulatinamente despojado formando parte de los recuerdos, junto a mi pintorcito celeste y mi pequeña corbatita, para finalmente quedarme con las cosas que en un primer momento juzgue pertenecientes a otro.

En el día de hoy, mi médico me diagnosticó una tú berculosis aguda, que ya no me plantea la disyuntiva si es de mi pertenencia o no, pues sabía que me pertenecía totalmente ya que en breve me llevaría con ella hacia un Dios que ya no se si es el mío, ni si le pertenezco.



                     MÍ JARDÍN DE PRIMAVERA




Llega la primavera, la estación esperada. Los tamariscos me la anuncian anticipada, con millares de inflorescencias reunidas en una explosión de amarillo esponjoso que le alegra la vista a las aves, que presurosas lucen sus plumas nuevas, brillantes, las veo volando cargadas de vida yendo a engalanar sus nidos con pajillas frescas, de suave fragancia. Mientras ensayan la canción que en sus genes portan, ellas saben que tienen que trinar como nunca en estos días para atraer al nido su nueva pareja y lo hacen con renovadas esperanzas.

 Yo las escucho, las veo, las siento y permanezco indiferente mientras el cambiante paisaje me envuelve. De pronto estallan los ciruelos de un rosa compacto que prometen los frutos más dulces, en tanto los almendros hacen de las suyas estallando en cremas y los cerezos en macizos blancos, pompones de nieve, promesas de bolitas bermejas de dulzores varios.

La primavera avanza en mi jardín, la vida irrumpe nuevamente con un frenesí que a todos contagia, las aves ya empollan ilusiones, los arboles prometen almibares en sus coloridas ramas. Todo se renueva.

Pero falta algo cometí, un descuido. Llenaré de azúcar el pica florero, para que esos ojitos que me observan inquietos desde la protección del interior de la hiedra pronto se abalancen y zumben de alegría libando su néctar. Eso es sencillo, mañana al color lo podre observar arremolinarse en calidoscópicos vuelos alrededor del néctar.

 Yo veo la primavera en su esplendor en mi jardín y trato de percatarme que otra imprevisión he cometido, de algo me olvidado seguramente para que el hermoso espectáculo no me contagie, para que la naturaleza rebosante de color y vida haga brotar en mi, algo más que lagrimas.



                     
                          MÍ JARDÍN DE INVIERNO


Otra vez está haciendo frio, pero ese frio que no se calma arropándose, ni incrementando la calefacción, ese frio que ya conozco escarcha interior que me pone la piel de gallina, me congela y me asfixia al mismo tiempo.
Si hasta puedo sentir esos cristales de hielo dentro destrozando cada una de mis esperanzas, me alimento atesorando enormes rosas de hielo que se abren en mis recuerdos, clavando en mi alma las espinas de sus vigorosos tallos, dotando de dolor a un jardín helado y yermo, mi jardín interior, donde la vida se detiene a la espera de la muerte que se tarda. El frio de la angustia más intensa azota nuevamente mis entrañas. Mi exterior hermético no debe permitir traslucir el escalofriante tesoro que en lo interno guardo, lo tengo bien sabido, bien ensayado, de nada sirve abrirme y congelar mi entorno.
Me aconsejarán, se preocuparán por mi, intentarán calentarme con mantas de ilusión, se muy bien que ocurre, cuando permito ver mi interior helado. Me recomendarán tratamientos, que intenten derretir mis inviernos, me volverán a recetar antidepresivos, que conviertan mis rosas en ficticia agua cristalina, que pretendan hacer brotar manantiales de  forzada alegría desde mi alma deseosa de espirar.
No comprenderán nunca que en mi jardín de invierno no crecen depresiones, crece la gélida alegría, la felicidad más pura, en el se esparce el perfume helado de pimpollos salpicados de congelado roció, de una noche interminable de lagrimas por mí hábilmente devoradas, que me colman de una esperanza que me inunda por dentro. Brindándome el regocijo sublime de saber que algún día contando mis flores perderé la vida.

lunes, 2 de abril de 2018

CUENTOS de OTROS MUNDOS

                                                                 Terraplana

Una vez descubiertos, por el nuevo telescopio espacial  NOVEO -1KK  instalado en orbita lunar por expertos de la NASA allá por los años 2050, los lejanos e indelebles anillos de Plutón es que se pudo al fin detectar una especie de vida extraterrestre, totalmente primaria, primitiva al punto que una vez estudiada a fondo se la considero un desperdicio de vida.
Pronto se los dejo de investigar, pues su forma de vida carecía totalmente de interés para seres evolucionados como nosotros. Pero bueno como no tengo nada que hacer y creo que vos tampoco nos tomaremos un tiempo para profundizar en la vida de estos condenados seres, infelices si los hay.
Su planeta era un basto planeta, que proveía a sus criaturas de absolutamente todo lo necesario para una vida digna con la salvedad que carecía de una cuarta dimensión (si consideramos al tiempo, como la tercera), por ende su mundo era plano, milimétricamente plano acompañado en su rotación por millones de asteroides de escaso tamaño que rondaban al pequeño Plutón.
La flora y fauna de Terraplana eran exuberantes, selvas impenetrables daban espacio a extensas sabanas, mientras ríos caudalosos y aplanadas cordilleras daban forma a continentes que morían en armoniosas playas acariciadas por un enorme océano sin profundidad.
Terraplana era lo más parecido a un planisferio bien detallado, donde existía absolutamente todo lo que puede caber en un plano. Sus habitantes habían consolidado diferentes países, brindándole formatos con sus respectivos límites, donde distintas razas trataban de vivir en relativa armonía.
A medida que nuestras zondas espaciales fueron interesándose más en esa numerosa comunidad es que alcanzamos a comprender la organización política y económica de dichos habitantes.
Si bien todos compartían una cualidad común que era su estatura milimétrica, sus formas diferían según su raza o país de pertenencia. También debo destacar que muy raramente, pero ocurría, nacían individuos con fallas genéticas, que se los denominaban hermosos puntitos que hacían felices a sus padres, aunque ellos casi no pudieran verlos.
La discriminación de hecho no existía por decreto los puntitos eran preciosos seres y punto. Y en verdad lo eran. Esta extraña mutación, surgió de una disminución casual de la presión atmosférica que permitía, de vez en cuando, la aparición de una criatura portadora de la tercera dimensión, por lo general nacían pequeñas esferitas de distintos colores, de características hibridas que tenían una visión del mundo mucho más elevada que la de sus padres, una mayor capacidad de traslado,etc, con la contra de que solo proyectaban en la planicie de Terraplana un punto, por lo tanto como la totalidad de los planos habitantes solo podía ver de ellos la proyección de un punto en el plano, los consideraban desafortunados seres disminuidos a su condición de punto, aunque por decreto proclamaban que eran puntualmente divinos.
Los contactos que pudimos tener con dicha civilización solo fueron posibles hacerlos con una sola de sus razas, la que aparentemente ejercía el dominio y potestad del planeta, si bien sus características eran idénticas a las demás razas en cuando a su chatura, tenían una forma de estrella, que los hacia más habilidosos para el combate, ya que con sus puntas podían infringir mayor daño a potenciales rivales que carecieran de ellas. Por lo tanto era en vano indagar en poblaciones de redondeles o cuadraditos pues todas estaban supeditadas a las estrellas, que les ordenaban como debían vivir y le suministraban sus excrementos, que eran publicitados por todos los medios como objetos imprescindibles, a cambio de las verdaderas riquezas que los países poseían.
Pero convengamos que aparte de sus temidas puntas, estos seres estrellados poseían el talento para hacer creer a los demás que su régimen de gobierno era el único posible, que las figuritas con sus patéticos héroes valían más que todas las demás figuritas existentes en el mundo y de hecho lo lograban pues tenían el control de la mayoría de los gobiernos.
Los cuadrados sin ir más lejos, votaban directamente y sin dudarlo a los estrellados para presidir sus países sumiéndose en un estado de semi esclavitud siendo considerados por las estrellas como paupérrimos y despreciables cuadrados, los círculos en cambio para no quedar tan evidenciados solían votar estrellas disfrazadas de redondeles para que los gobiernen; un simple recorte de puntas a la estrellita electoral, le bastaba para aparentar ser un redondel y gobernarlos sumiéndolos en la esclavitud igualmente, los rectángulos optaron por seguir sus costumbres ancestrales, mantenían sus reyes y parlamentos, pero pedían un estricto y detallado tutorial a las estrellas para llevar su país al agrado del poder dominante. De esta manera más o menos se sub desarrollaba buena parte de esta comunidad manteniendo el desarrollo de la raza dominante.
En alguna oportunidad el país de los triángulos se rebelaba confiado en tener tres puntas para la batalla, pero eran declarados parte del eje del mal ,los nombraban peligro para el plano mundo y finalmente eran apartados por todos ,negándoles todo suministro de alimentos, en una decisión que la totalidad de los países aplaudían lo más fuerte posible, pues el estruendo del aplauso tenia un valor de adhesión que las estrellas solían pagar con una buena cantidad de sus valiosos excrementos y valijas de figuritas de sus patéticos héroes.
Una pequeña isla fue totalmente ignorada por toda Terraplana, por el solo hecho de no querer comer esos deliciosos excrementos y despreciar sus figuritas, de hecho el mundo los margino y bloqueo por más de  cincuenta años, una medida inconcebible por todo lo que conlleva. Recordemos que los años en Plutón tienen una duración milenaria, casi incomprensible en nuestro mundo, donde cincuenta años pasan en seguida y es bien visto castigar por ese lapso a un pueblo, aunque sea una isla.
Nunca más volvieron a mandar misiones a ese desdichado planeta, no se sabe si por haberse extinto la vida por completo en esos parajes o porque la vida de esos chatos paisajes  fuera careciendo de interés para propios y extraños.

martes, 27 de marzo de 2018

MÁS CUENTOS

                           


                      EL SARCOFÁGO DE ÉBANO







El primogénito hijo del gran faraón, heredero del trono de Nubia se sentía obligado por su padre, el gran faraón del Alto y Bajo Egipto a realizar todos los actos que el mandase para poder mantener en su poder los atributos dinásticos que su padre le adjudicara.

El pequeño estado de bastas planicies doradas suministraba buena parte de los alimentos al resto de los dominios, para ello su pueblo trabajaba de sol a sol, casi en un estado de esclavitud, aunque se conformaban con poder mantener a sus familias en sus precarias chozas de adobe adorando y alzando sus plegarias al gran sarcófago de ébano, uno de los más queridos íconos de veneración.

Cierto día el gran faraón dio la orden a su pequeño vástago para que comprará toda su producción de armas, que ellos solían fabricar en cantidades descomunales, sin tener en cuenta que el empleo de soldados en Nubia no era muy popular ya que sus habitantes eran más campesinos que guerreros.

De hecho nunca habían tenido confrontaciones bélicas con nadie y no tenía porque contemplar el hecho de tenerlas, ya que carecían de motivos sustentables para ello.

El pueblo esperaba que el mandatario ordenara la construcción de instalaciones para poder contar con nuevas piedras de moler el grano, que diera comienzo a la construcción de nuevos canales y acequias para que las aguas del Nilo regaran más extensiones del fértil campo, se esperaba muchas obras del novato heredero pero que gastara todos los recursos del pueblo y se endeudara pidiéndole préstamos en vasijas de barro repletas de monedas de oro, para poder comprarle a su mismo padre cantidades de  lanzas, jabalines, mazas, hachas de combate, espadas, arcos de doble curvatura, escudos, carros de combate y botes de asalto era algo inaceptable dentro de la comunidad y el proyecto de faraón bien lo sabía.

Se reunió con los sacerdotes del templo para  que sus rituales lo ayudaran a resolver el dilema que se le presentaba y lo iluminaran para poder ver la salida más beneficiosa para su gobierno. No podía desobedecer el mandato supremo del dios mismo en la tierra es decir su padre el faraón, pero tampoco podía traer a su territorio tamaña cantidad de armamento sin justa causa, pues el pueblo reaccionaría denostándolo, obligándolo a abdicar al trono. Tanto la desobediencia al dios supremo en la tierra, como el repudio de sus gobernados, ocasionaría no poder acceder a la vida eterna, lo cual era una obsesión entre los faraones y faraoncitos en todo el extenso Egipto. Era indispensable para su propia salvación mantener en equilibrio la balanza de Osiris, llevando su corazón tan ligero como el peso de una pluma.

Se arrodilló ante su imponente estatua, representación en piedra de su propia estampa ególatra y le aterró imaginarla sin nariz signo inequívoco del odio de los pueblos de esa época, que mediante estas reacciones de repudio pretendían dejar vagando el alma del faraón representado a mitad de camino en su búsqueda por alcanzar la gracia de Osiris. Observando el coloso, mientras la luz de las antorchas iluminaban el enorme santuario, amplificando las sombras, mientras su miedo resaltaba los negros ojos de Isis y Osiris que sin dudas lo observaban, como así también el enorme sarcófago de ébano, que tanta devoción causaba en su pueblo.

De repente una ráfaga demoníaca sacudió la mente del líder, el sarcófago me ayudará, se dijo.

El sol  apenas comenzaba a asomar en el horizonte cubriendo las chozas de rojizo fulgor, cuando unos pescadores espantados corrían gritando por el pueblo, emitiendo desesperados mensajes de alarma.

! El sarcófago, el sarcófago, lo han profanado ¡ Por favor ayúdennos, está a la deriva, apenas emerge una punta del mismo en el mar. ¡Sacrilegio, alguien pretendió hundir nuestra fe, ayuden a rescatarlo!

Era el mensaje desesperado que aquellos hombres emitían por las callejuelas de arena del lugar.

La gente concurrió desesperada a rescatar su objeto más venerado de las aguas, con ayuda de sogas lograron aferrarlo antes que desapareciera en las aguas profundas del mar. Pronto los rumores comenzaron a ganar las calles, las pisadas en la arena eran clara evidencia que los habitantes de la isla del diablo habían pretendido arrebatarles su más preciado bien,  de esta forma se intentaba introducir la inverosímil versión de lo sucedido dentro de la comunidad.

Los habitantes de la isla del diablo siempre habían ignorado a los Nubios, pues los consideraban seres inferiores en una etapa de evolución muy retrógrada en comparación. De hecho preferían comerciar con pueblos más avanzados de ultramar y habían adquirido una tecnología bélica muy superior por tener conocimientos en el manejo de la pólvora, la antimateria y la existencia de mundos paralelos que los Nubios desconocían. Los ignoraban comercialmente, estratégicamente y religiosamente, los ignoraban totalmente, como uno puede ignorar a las moscas, si no se vuelven una molestia.

Ni pensaban en los Nubios en realidad y mucho menos tenían intereses en profanar ningún santuario, ni atacar ninguna ciudad Nubia, pues carecían de interés y valor para los avanzados habitantes de la isla del diablo. Esa era la realidad.

Pero en el pueblo Nubio fue instalándose un clima de guerra, el odio crecía hacia los habitantes de la isla y fue muy bien vista la compra armamentística que su joven pero precavido líder realizará, los pertrechos de guerra fueron acarreados hasta el pueblo por sus mismos habitantes y aunque pocos de ellos eran de utilidad por estar herrumbrados e inservibles, fueron agradecidos a viva vos por el clamor popular. El sarcófago de ébano fue restituido con dolor y respeto mientras el pueblo aclamaba a su líder destacando sus virtudes guardando las armas recién compradas a la espera de usarlas.

El faraón del Alto y Bajo Egipto también felicito a su primogénito por sus artes en el embuste, por haber conservado la nariz en alto ante su pueblo y por haberlo complacido.

Los clamores belicistas de a poco fueron ignorados ante la indiferencia de los isleños y las armas quedaron arrumbadas como chatarra. Solo quedo en la memoria de la gente el sarcófago de ébano profanado al acecho de las olas del mar. Y la deuda contraída con Dios vivo en la tierra por el préstamo impagable para comprar tanta chatarrería. Al mismo tiempo en un universo para lelos, la gente aclamaba los goles de Leo ante Islandia en un recordado y festejado cuatro a cero. Mientras Donald, su gatito y Ted, festejaban por las cuantiosas ganancias obtenidas en el último lanzamiento de Dysney Chanel, a la espera del juzgamiento de un Dios superior a todos.
                               

                                      CROPOLITOS
   

Por fin mi sueño de toda la vida estaba tomando forma, desde el municipio me informaban que mi terreno sería librado de todo embargo en pocos días más.

Años de espera, desde que una medida cautelar aduciendo deudas inexistentes con inmobiliarias fundacionales del pequeño pueblo, me trabaran de tener el dominio total de la parcela.

Como bien se sabe inmobiliarias que hacen los primeros loteos en pueblitos a fundar y municipios o intendencias van de la mano en los negocios.

Pero, después de casi quince años, podía disponer de mi parcela a mi antojo.

Emprendí entusiasta una recorrida por cuanto estudio de arquitectura hallaba a mi paso, para  finalmente obtener un proyecto que me complaciera, a fin de encarar la tediosa tarea de su aprobación por parte de la dirigencia comunal.

Después de infinitas idas y vueltas, reformas obligadas al proyecto presentado, ya sea por desconocer la normativa en vigencia que impedía la tala de todo tipo de árbol o arbusto, que bien supo el estudio de arquitectos subsanar, dejando al proyecto con un eucaliptus dentro de mi baño. El cual aparte de no contrariar leyes de tala locales, me brindaría un perfume grato a la hora de ir a evacuar.

Aprobado el proyecto, cuatro años más tarde, por fin las palas de los trabajadores se movían rítmicas, cavando los cimientos de mi futura morada.

Semanas más tarde al aproximarme a la obra, pude observar que los trabajadores, se encontraban sentados, a la espera de recibir nuevas directivas, mientras otros limpiaban las herramientas, acomodándolas en las camionetas, con la intensión de dejar el lugar. De lejos pude distinguir a un raudo capataz de obra que salía a mi encuentro.

-Disculpe, jefa, la obra se paro por un pequeño percance, que  seguramente el arquitecto sabrá explicarle mejor que yo –Me comentaba el encargado de la obra cabizbajo.
-¿Problemas con los sueldos? ¿No están cobrando en tiempo y forma? –Pregunte suponiendo, la causa más vulgar que pudiere ocurrir en obras, entre empleados y empleadores.
-No, señora, el estudio se comporta de maravillas con nosotros, hace años que la mayoría del plantel trabaja con este grupo empresarial. –Me respondía el capataz, iluminándosele el rostro de solo pensarlo.
-¿Entonces? – Pregunte en tono enfático.
-Una inspección del municipio, que supo llegar en un momento inoportuno –Se confeso el turbado encargado de obra.
-Pero…¿Respetaron el sacrosanto eucaliptus, para que quede como vivo testimonio del riguroso cumplimiento de las reglas al lado del inodoro? ¿No se les habrá ocurrido talar la rama de la acacia? Ya combinamos con el arquitecto, lo útil que seria, por más que me entrará por la ventana del dormitorio, para colgar la ropa. ¿En que contravención incurrimos ahora? –Elevando innecesariamente el tono de mi voz.
-En nada jefa, encontramos incidentalmente en la excavación un pozo con cosas, que el municipio dijo ser algo así como “Patrimonio de la humanidad” y que deberíamos parar la obra.-Trataba el trabajador de explicarme a media lengua.
-¿Y por que no arrojaron esas putas cosas al carajo, en vez de llamar al municipio? - Demostrándole todo mí enfado al pobre empleado, que no sabía donde situarse.
-Es que, la inspección estaba presente en el infortunado suceso del hallazgo, nada se pudo hacer, sepa comprender señora. – Se trataba de disculpar, el inocente trabajador, ante mi desubicada ira.

Mientras tanto pude divisar la llegada veloz de la camioneta del arquitecto, principal responsable de la ejecución de tan demorada construcción, que abandonaba rápidamente el vehículo, a mitad del sendero, tratando de abreviar mi espera.

-Hemos tenido la mala fortuna de toparnos aparentemente con un basto e inesperado yacimiento arqueológico. Estoy a la espera de la llegada de un grupo de arqueólogos provenientes del museo del lugar, seguramente levantarán el material de su utilidad y continuaremos la obra en un par de días más, quédese usted tranquila señora – Trataba de consolarme el joven arquitecto.

¿Que son unos días más, después de haber soportado casi veinte años de demoras y tramites? No termino de despedirme del arquitecto que un grupo de seis personas comienzan a gatear por mi predio, con pinceles, de diferentes tamaños, palas y bolsas, mientras otros encintaban el lugar prohibiendo su acceso.

Dejándome libre la esquina delantera izquierda del lote, donde me indicaron que debía pararme, si quería permanecer allí.

Cansada ya de esta situación, llame inmediatamente a mi abogado para ver si podía tomar medidas ante tamaña invasión.

-Voy para allá Gladis, tranquila – Me respondió mi leguleyo amigo.
-Gracias. – Le respondí, sintiendo que la solución se aproximaba

En poco más de una hora mi terreno se había convertido en el lugar de confluencia de múltiples colegiados, arquitectos, arqueólogos, abogados y escribanos representantes de vaya a saberse que partes en cuestión, cuando yo ni siquiera comprendía cual era esa cuestión.

-Gladis, este tema no será, para nada sencillo, te recomiendo que lo asumas con calma y paciencia, como primera medida te voy a recomendar que no pierdas el dominio del predio. Para ello, tienes que demostrar que no posees otro sitio donde vivir y por lo tanto como muestra de ello, estas obligada a afincarte en el pedacito de terreno libre, haciendo mejoras en el mismo. Cualquier cosa, pone un alambrado, planta un jazmín o cualquier cosa y primordialmente instálate, aunque más no sea dentro de una carpa, yo te ayudo, armamos un pequeño bañito y todo lo asentamos en fojas mediante la intervención de un escribano publico.- Me seguía impartiendo directivas imposibles de cumplir por mi parte.
-¿Y, el trabajo? Me despedirán, si incurro en ausencias, es imposible Alfredo.-Le respondí, casi implorando.
-Es un terreno importante, en una zona en auge, tendrás que elegir entre tu trabajo o perder el lote. Por otra parte siempre te me has quejado de la poca paga y de la negativa de tus empleadores a pagarte las horas extras, viéndolo de este modo, no pierdes gran cosa.- Me aconsejaba mi letrado.
-Pero... ¿Quien me va a mantener el tiempo que dure esta situación? -Le pregunte preocupada.
-No te preocupes hace años que nos conocemos, yo te ayudaré, es importante para mi estar en un caso que prontamente adquirirá notoriedad a nivel nacional, dada tu problemática y la importancia de los hallazgos. Pronto desembarcará la prensa. Mantente aquí, te traeré una buena carpa, provista de todos los implementos para que pases al menos la noche, si esto se prolonga te haré construir un bañito precario, si el lugar lo permite.- Ordenaba mi representante.
-Tratare de cumplir con las premisas que me aconsejas, si me ayudas.- Solo atine a contestarle a Alfredo, sumida en una onda preocupación.

Y, si…En verdad los medios de comunicación llegaron en forma masiva, empuñando sus amenazantes micrófonos, sobre la cara de la pobre mujer y de todo incauto operario que no se mantuviera lejos de la salvaje invasión periodística.

Todos los programas televisivos y radiales daban sus diferentes y disparatadas opiniones sobre lo que acontecía en ese terreno, mientras se sumaban algunas adhesiones populares, que en hilera desfilaban frente a la carpa de la desdichada Gladis, algunos para ayudarla y solidarizarse y la mayoría para llenarse de morbosidad ante su deterioro moral y físico.

Mientras tanto, la agitación popular llego al punto de fastidiar al gobierno exigiendo a los investigadores un informe público sobre lo encontrado en dicho terreno.

La excavación había tomado dimensiones descomunales, los camiones repletos de tierra removida se encaminaban en una hilera continua que circulaba por el sendero del terreno a la ruta. En el terreno solo podía verse un cráter de unos cuarenta metros de diámetro, acompañado por el añejo eucaliptus en una esquina y por la pequeña carpa y su precario baño en el vértice opuesto. Seis años habían transcurrido ya, desde que se paralizara la obra, cuando por fin el comunicado de los expertos se hiso noticia en los medios. Bajo el siguiente técnico formato: “Hemos al fin completado una parte de las investigaciones gracias al aporte de la State University of New York College At Cortland  y sus eximios catedraticos y hoy les podemos informar que estamos en presencia de uno de los más grandes y antiguos yacimientos de coprolitos humanos jamás encontrados, estamos hablando de un cumulo de piezas de alrededor de un millón de años de antigüedad, junto a un esqueleto femenino de igual data envuelto en restos de una tela de características plásticas impropias a dicha época y un pedazo de madera petrificada con inscripciones que no estoy autorizado a revelar, de momento, pues su mensaje es aún objeto de estudios, espero haber complacido en parte vuestra expectativa sabiendo dispensar las demoras en la información de tan inesperado evento”

Los años siguieron transcurriendo y la vida de Gladis ya había dejado de ser de interés para la prensa y público en general, aunque continuaba en aquella carpa. Su abogado la había abandonado y desistido de la causa hacia muchísimo tiempo retirándole también su efímera ayuda monetaria, aunque a decir verdad a ella se la veía cada vez en mejor forma, realmente lucía como una diosa vestida en ropajes cada vez más sugerentes, totalmente superada y casi ajena a su problemática. Aún podía observarse que recibía visitantes asiduamente a su carpa, aunque no fuera el centro de las noticias.

Nunca se pudo saber a ciencia cierta el mensaje de aquella tablilla petrificada portadora de la misteriosa esquela, obviamente por orden de la curia, que había ordenado minimizar la antigüedad de los hallazgos reduciéndolos a tiempos evangélicos. A pesar de ello por trascendidos informales pudo saberse, que en aquel escrito milenario podía leerse claramente el siguiente mensaje. “Bienvenidos a la carpita del amor, donde Gladis tiene un pozo de dicha para todo hombre dispuesto a pagar por unos minutos placer”




lunes, 26 de marzo de 2018

CUENTOS CORTOS






                            EL RECUERDO MÁS ANTIGUO 


Después de haber intentado diversas terapias psicoanalíticas, con el afán de solucionar mis conflictos y poder finalmente estar en paz con mi subconsciente, mi consciente y todos los conscientes e inconscientes que me rodean, que no son pocos. Después de haber recurrido a especialistas en distintas técnicas del psicoanálisis y haber soportado estoicamente como doctorados en tics nerviosos, trataban de escudriñar en mi interior con la intensión de hallar la punta de mi enmarañado ovillo sin percatarse quizás, que su madeja estaba mucho más enredada que la mía. Agotando en esta ruta de búsquedas las más diversas terapias, pasando por la llamada transferencia terapéuticas, donde se termina por culpabilizar a nuestros padres, por todas las frustraciones de nuestro acomplejado ser, hasta pretender encontrar el meollo de mis problemas a través de la interpretación de mis sueños, pensamientos, palabras y onomatopeyas que se me ocurriera declarar en tan arduas secciones.
Una vez transitadas las cinco grandes corrientes: la cognitiva, el behaviorismo (o conductismo), la gestal, la sistémica y el psicoanálisis el problema es el haberme percatado que entre ellas tienen cría y parían engendros diabólicos que se siguen reproduciendo aún más...Dando espacio a lo que actualmente se define como "holístico" y todas sus variantes posibles.
Recuerdo el día que atiborrado en mi búsqueda de soluciones, que ya no busco, no por haberlas encontrado sino por considerarme un caso perdido, ingrese a un importante centro psicoanalítico, donde ponderaban la terapia basada en regresiones al pasado mediante la hipnosis para entrarle descarnadamente al subconsciente.
En las dos primeras consultas fue imposible el poder hipnotizarme dado mi descreimiento y mi resistencia interior para obtener la relajación requerida para tan lúdico evento.
Finalmente en mi tercer visita al centro y después de haber dejado buena parte de mi sueldo presente para intentar vislumbrar eventos pasados, fue que finalmente pudieron acceder a mi impenetrable “yo”.
En verdad me sentí profanado cuando el doctorado me indico que la sección había sido de un total éxito y que continuara asistiendo a sus consultas ya que había pasado de ser un paciente, a ser un objeto de su vivo interés y que me olvidara de abonar la consulta, ya que todos los gastos pertinentes correrían a cargo de la clínica.
Concurrí realmente muy intrigado a mi próximo turno, embargado por una honda preocupación, transpuse el lujoso recibidor, di parte de mi llegada a la recepcionista y me prestaba a sumergirme en los mullidos sillones de la sala de espera, cuando el doctor con una comitiva de tres catedráticos más salió cordial a mi encuentro.
- Esperábamos ansiosos este día mi estimado Jorge. Nuestra labor ha sido muy intensa, es por ello que le hemos solicitado, unos meses de paciencia hasta que volviera a vernos. Pero finalmente estamos aquí, con una solución a sus problemas, ya que hemos sondeado en el recuerdo más antiguo que nos halla podido brindar en nuestra terapia de regresión. – Mientras, mi terapeuta, me daba animosamente la bienvenida.
- Como ya debe suponer el costo de nuestro esfuerzo es casi tan elevado como los beneficios que le acarreara, pero seguramente su obra social se encargara de los gastos. –Me informaba, otro de sus colegas.
- Procederá a firmar unos documentos de rigor, antes de iniciar la sesión. – Me ordenaban mientras me conducían a la oficina del director de la clínica.
A esta altura de los acontecimientos, estaba presto para firmar mi propia sentencia de muerte, si fuere necesario, para satisfacer la onda curiosidad que me había despertado todo lo ocurrido, desde que puse un pie en esa institución
Y por supuesto firme los papeles que explicaban claramente que todo lo negativo que pudiere surgir de dicha terapia, corría por mi cuenta, dejando libre de culpa y cargo a Dios y María santísima, siendo yo el único responsable, hasta de haber nacido. Además estaba consciente de haber contraído tras la firma una deuda de cinco mil dólares, pagaderos a fin de mes, es decir la semana próxima.
Ni bien termine de estampar mi rubrica, me trasladaron a una habitación de aspecto más familiar, donde mi terapeuta me indico que tras la sesión de regresión al pasado, que había realizado meses antes, pudieron determinar que el origen de mis traumas habían surgido en el mismo instante de mi nacimiento y para dar fe de lo ocurrido y para probar la seriedad de la institución, se preocuparon por contar con la presencia de la partera que atendiera el mismísimo instante de mi concepción.
- Pase, por favor señora Gertrudis, que Jorge la espera con vivo interés – Ordeno mi terapeuta, con gesto imperativo.
De la habitación continua ingreso una viejecita temblorosa, que apuraba su renguera para estrecharme en un cálido abrazo.
- Querido que lindo es poder verte repleto de vida, ya adulto, después del desgraciado error que has tenido que sobrellevar en tu nacimiento. Les he dejado, a esta gente un reporte detallado de aquel infortunio, para aliviar tus pesares. Discúlpame, pero no soporto más la emoción que me embarga. – Desplomándose en unos de los sillones fue atendida raudamente por los médicos que presenciaban la escena mientras la alejaban del lugar.
- Te hago entrega de esta declaración jurada, que la señora Gertrudis puso a nuestra disposición para tu beneficio, toma tu tiempo, procede a leerla detalladamente y después continuaremos con la terapia. – Me propuso mi psicólogo dejándome una carpeta mientras se despedía de mí, acompañándome hasta la puerta del establecimiento.
Salí de la clínica y me dirigí a la parada del colectivo local, apretando la carpeta, como si fuera un tesoro. Parado estoicamente en la prolongada espera, me empapaba por una tormenta fortuita que pretendía inundar la acera.
Como era casi habitual, mientras esperaba algún medio de transporte observaba transitar en un auto de alta gama, a una persona de aspecto muy desagradable, que me sonreía y saludaba con gesto sobrador agitando la manga de su traje impoluto, a la que acompañaba el brillo de un gemelo dorado que me solía enceguecer. Parecía poseer todo el éxito del que yo carecía.
Me apresuré a ingresar a mi habitación, en la ruinosa pensión donde vivía, para sumergirme en la lectura del informe redactado por la anciana partera, que presuntamente asistiera mi nacimiento.
Con letras enormes, que se iban diluyendo a medida que la palabra se extendía, pude leer una de las historia más asombrosas, la que posiblemente fuera mi historia.
“Querido en verdad lamento mucho lo ocurrido, pero era tan difícil darse cuenta, de la monstruosidad que vio la luz ese día, con perdón, pero esa fue la realidad acontecida.
Considera, que naciste prematuramente, después de un tedioso embarazo de seis meses, donde pocos sobreviven. Pesabas un poco más de cuatrocientos gramos, no se podía detectar pulso alguno en ti y tenias un espantoso agujero en el cráneo que supuraba vestigios de materia gris que impregnaba la placenta y la bolsa roja, donde finalmente fuiste arrojado como un mero resto patológico. Mientras en la cuna, adornada por un gran moño celeste, descansaba oronda la placenta por el solo hecho de lucir mucho más vital que tu espantoso cuerpecito.
Yo mismo, me encargue de llevar bañadita a la placenta ante la presencia de tus padres, ella se encargo del resto, gracias a tu aporte de materia gris, pronto se la observaba prendida al pecho de tu madre, sonriente con su cintita azul adherida a un gonopodio rojo que asemejaba un piecito de bebe. Al tiempo tus progenitores salieron del hospital con ese horror entre sus brazos, contentos de ser padres.
Y vos, que tristeza…Tan desprotegido e inútil, descartado como un desecho del cual la placenta se nutriera, en esa bolsa a la espera de que tu poca vida expirara.
Un recolector de residuos se obstino en distinguir rasgos humanos en la masa de carne informe que tu cuerpo le proponía a los sentidos. Fue así, que ingresaste a la terapia intensiva del nosocomio, donde después de meses, le dieran forma humana a tu cuerpo, para entregárselo a unos padres que acababan de perder su bebe.”
Me desprendí de dicho informe, antes de llegar a la parte de las despedidas y buenos deseos de la anciana, muchísimo más acomplejado que cuando me dirigí a la clínica para mi primera sesión de terapia, mucho más solo, sabiendo que mis padres no habían sido mis padres aunque ellos mismos lo creyeran, sintiéndome alimento de mi propia placenta, experimentando la misma sensación de asfixia que sintiera dentro de aquella bolsa roja, testigo de mi fracasada extinción.
Salgo repentinamente a la calle ahogado por la angustia, cuando por la avenida transitaba el mismo coche de alta gama de siempre, donde una persona, de aspecto repulsivo, arrugado y rojizo se esmeraba por saludarme burlonamente, quizás como una única prueba que confirmaría que en la clínica no me habrían estafado con una historia inverosímil, tratando de implantarme este infortunado recuerdo, que por ser tan antiguo escapaba a mi memoria.





                                  XANTOFOBIA



Venía hoy caminando por la playa sintiéndome como siempre el centro donde todos dirigen sus miradas, cargadas de asombro, una mirada que trato de devolverles, amalgama de recelo, terror y vergüenza, por no poder comprender a esos seres que desde tempranas horas embadurnan sus cuerpos con cremas blanquecinas, asemejando zombis o seres de una tribu maorí que aún no interpreto. Dicen usar protectores solares y buscan rostizarse al sol desde las ocho de la mañana, hasta que oscurece, bajo el manto protector de una pomada, que un laboratorio de dudosa reputación testifica que los salvaguarda de los rayos ultravioletas, uno de los componentes naturales de la luz solar. Sería más fácil exponerse menos tiempo, sin tanto ungüento, de por si carísimos. Y por eso los miro con temor, asombro y vergüenza y ellos me restituyen la mirada en mi breve transitar casi obligado por la playa al ir a realizar alguna dirigencia. En realidad se bien que me miran totalmente sorprendidos pues no comprenden mi intolerancia, mi negativa a que rayos de luz, en la gama del amarillo toquen mi piel. ¿Por que se asombran? ¿O no estamos en igualdad de situación? La única diferencia es que la ciencia les brindo ayuda o placebos, a los temerosos de los rayos ultravioletas y no así a los que temen los rayos solares en su gama amarilla. Es por eso que trato por todos los medios de protegerme, antes de iniciar cualquier actividad al aire libre que me exponga, me calzo mi arnés de espejos prolijamente diseñado por mí, debidamente asido por cinturones de cuero a mi traje amarillo que se encarga de reflejar los pocos rayos de ese maldito tono que pretendan corromper mi piel. Entre el calor del sol, mi transpiración contenida en mi traje de neopreno y el peso excesivo de cantidades de espejos enmarcados, correas, precintos y alambres, suelo caer al piso desvanecido, envuelto en fugitivas figuras caleidoscópicas y seguidamente me siento rodeado de seres con sus caras pintadas de blanco, orgullosos de poder llamarme loco, que aplauden con la intención que me incorpore vívidamente de la desordenada montaña espejada que se formó sobre mi fóbica persona.
Por cada aplauso juro, de ahora en adelante que romperé uno de los espejos retirándolo de mi arnés y le escribiré el nombre de quien me aplauda y me encerraré, por días, en mi cuarto a oscuras, sin ventana alguna que filtre el mínimo haz de  luz y los tocaré a tientas y sabré que ese espejo roto es tuyo, al pasar mi mano sobre el relieve de tu nombre en el vítreo escudo, además sabré que me ayudasteis a liberarme del peso de un espejo, al menos. Y tú sabrás que me has encerrado por días y no sabrás, si me habrás hecho un bien o un mal al aplaudirme.